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Guatemala: Agricultura feudal PDF Imprimir E-mail
Escrito por Christian Echeverría, periodico Plaza Pública   
16/01/12
Trabajo infantil en sus peores formas es encontrado en la finca del presidente de la Camara del Agro

En la Finca Flamenco de Retalhuleu, propiedad del cañero Otto Kuhsiek (Presidente de la Cámara del Agro desde 2010 ), trabajan niños menores de 14 años (límite de edad impuesto por el Código de Trabajo para el trabajo infantil en Guatemala) bajo las peores formas de trabajo infantil.

“Kennedy no viene de la escuela. Trabaja en la zafra del azúcar desde los 11 años. “Hago dos surcos yo solo”, afirma orgulloso. Los brazos de Kennedy, duros y musculosos, ejercitados a base de levantar el machete, ya no son los de un niño sino los de un cortador de caña en toda regla –acaso los de un cortador de caña infantil-, un niño trabajador, algo prohibido por el Código de Trabajo, la Ley de Protección de la Infancia, dos convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y los Tratados de Libre Comercio ratificados por Guatemala”. 

El Ministerio de Trabajo se comprometió a no otorgar ningún permiso de trabajo a menores de 14 años en 2008. “Aún en el caso de que Kennedy tuviera 14 años y hubiera sido autorizado a trabajar firmando un contrato, cortar y cargar caña a destajo con un machete en jornadas de más de 12 horas diarias y cobrando por tonelada, no sólo dista mucho de ser un “trabajo ligero” sino que constituye, por su dureza física, un ejemplo de “trabajo infantil en sus peores formas”, especialmente prohibido por las convenciones internacionales”.

Guatemala presenta las cifras de trabajo infantil más altas del continente. Según la Encuesta de Condiciones de Vida de 2006 –último dato oficial disponible- 528.000 niños entre 5 y 14 años trabajan en Guatemala. La Inspección de Trabajo tendría una larga tarea por delante si decidiese cumplir su mandato y abordar casos como el que este reportaje narra. 

Edgar Rivera, de 30 años, camina de regreso a casa tras una jornada de trabajo con sus dos hijos, Elvis y Jordi, de trece y 12 años. Para él, lo peor no es que trabajen los niños. Va mucho más allá de eso. A Edgar le gustaría que sus hijos estudiasen, pero no puede permitírselo. Porque ni trabajando ellos, el jornal alcanza para que la familia sobreviva con una cierta dignidad. “Son 20 quetzales por tonelada de caña lo que recibimos. Los niños hacen una tonelada por día entre los dos y, con suerte, yo llego a dos, incluso a tres si me malmato”. Calcula que ese día, entre los tres, han ganado 60 quetzales, US$7.5.

El salario mínimo que marca la ley por persona y día en el campo guatemalteco ascendía en 2011 a 63 quetzales por día y es, en 2012 de 68 quetzales diarios. Óscar Sigüenza, a sus 50 años, nos cuenta que se alimenta casi exclusivamente a base de frijol. “La libra de carne sin hueso sale a 20 quetzales, la de carne sin hueso a 14. No puedo pagarla. Tengo cinco hijos con apellido y dos con otra mujer. Hay problemas para comer. Hoy he hecho dos toneladas. 40 quetzales. Serían dos libras de carne para siete bocas, haga la cuenta”.

Juan José de la Cruz no es del departamento pero lleva toda su vida cortando en las fincas. “Cuando comencé en la zafra tenía trece años. Ahora tengo 51. Saque los años que salen, que a mí me cuesta”. Viene de Santo Domingo Suchitepéquez y explica que para ellos, los que vienen de fuera, son 20 días de trabajo continuado en cada ocasión. “Un contratista pone un anuncio en la radio y nos trae. Somos 20 personas que acampamos en la galera de la finca”.

Los trabajadores desplazados a esta finca sí comen carne. Una vez al día. Pero la pagan.  “El contratista cobra Q25 por tonelada y nos deja Q20 a nosotros por tonelada. A él le pagamos Q15 al día por dos tiempos de frijol y un tiempo de carne. Para poder regresar a casa con dinero hay que hacer un mínimo de dos toneladas diarias”. Son entre Q500 y Q600 quetzales los que se sacan tras 20 días de trabajo ininterrumpido por una jornada de corte de caña de entre 12 y 14 horas diarias, según los trabajadores y la embajada estadounidense, en campo abierto y a temperaturas que pocas veces bajan de los 30 grados.

El presidente de la Cámara del Agro se define como una persona que trata de cumplir con la Ley: “No conozco las edades de los niños que se encontraban en mi finca, que estaban, en todo caso, en su período vacacional. Usted vio que había una escuela en frente de donde estaban. Y esos niños no son trabajadores, sino que vienen acompañando a sus padres. Son sus ayudantes (…) en la entrevista que dio en sus oficinas lujosas de la Zona 10. El finquero también pide “romper ese mito que habla de jornadas de trabajo maratonianas y esa presión constante para que trabajen más allá de su capacidad ya que abandonan el trabajo cuando ellos lo deciden. Usted vio que eran las once y habían terminado la jornada después de cuatro horas de trabajo”

La falta de un salario mínimo, cotización al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) o prestaciones para los cortadores es rechazada por Kuhsiek, que pasa la responsabilidad a “la terciarización”. Es decir, a los contratistas que reclutan trabajadores para la finca., De regreso en la finca Flamenco, escéptico ante la vida e inexpresivo ante quien le pregunta, otro cortador, José Antonio de León, transmite la pésima opinión que sus compañeros tienen de los contratistas. “Toda la vida ha sido así. Si uno le reclama al contratista para que no se quede la paga, ya no lo trae más a trabajar”.

De León, que tiene 69 años, quiere retirarse pero no puede. Según él, porque la papelería es demasiado complicada. “Ya trabajaba aquí de patojo con mi papá. Ahora estoy esperando que me llegue la tercera edad para poder descansar. Después de los 60 años, uno ya no puede seguir trabajando, por el cansancio”. ¿Y cómo es que la Cámara del Agro exige periódicamente que se aplique el estado de derecho cuando su presidente tiene a niños trabajando en su finca y no paga IGSS a todos sus trabajadores?, se le preguntó al empresario y a su asistente, ¿Y cómo es que la Cámara del Agro exige periódicamente que se aplique el estado de derecho cuando su presidente tiene a niños trabajando en su finca y no paga IGSS a todos sus trabajadores?, Carla Caballeros intervino. “No podemos obligar a las personas y a las empresas individuales.

En el caso de que cualquiera de nuestros socios no cumpla con el estado de derecho, somos respetuosos (de la ley). Es el Estado quien tiene que hacer que cumpla. Tenemos que implementar los programas necesarios para decirles a nuestros asociados que comiencen a cumplir con el estado de derecho”. (esta mujer tiene o tenia un programa de radio my escuchado pr la mayoría silenciosa en la Infinta FM y luego en la libetropolis con Marta Yolanda Diaz Duran, otra defensora del del “respeto a la porpiedad privada y al estado de derecho y de la mano invisible del mercado”.

Se trata, además, de una industria que no para de crecer. Según datos del Centro Guatemalteco de Investigación y Capacitación para la Caña de Azúcar, la producción se ha incrementado en un 238 por ciento en los últimos 20 años y su rendimiento ha aumentado un 9.9 por ciento el año pasado. Junto a este rendimiento, y gracias a la subida de los precios internacionales del azúcar, esta industria acumula el 14 por ciento de los ingresos de divisas del país, una cantidad que se ha duplicado a lo largo del último año, siempre según datos de la propia industria. Eso significa pasar de US$378 millones en 2008 a US$726 millones en 2010, aprovechando que los precios del quintal subieron de US$11 en enero de 2008 a US$28 en enero de 2011.

Pese a esto, el precio del azúcar interno casi se duplicó en un año. Y de todas las exportaciones, sólo destinan US$4.5 millones anuales a Fundazúcar, señaló el académico Pablo Franky en una columna en Plaza Pública. Ortega, como todos los trabajadores de la zafra sabe que en los ingenios azucareros no hay sindicatos que puedan incidir o, al menos, tratar de negociar las condiciones de trabajo. Fueron disueltos. En Guatemala, según datos de Asazgua hay 33,000 cortadores de caña y 65,000 trabajadores en el conjunto de la industria azucarera. Y ni un solo sindicato.

En marzo de 1980, 70,000 trabajadores ocuparon todos los ingenios azucareros del país en demanda de mejoras laborales y las consiguieron. En 1984 todos los trabajadores que tenían algún tipo de relación con un sindicato fueron despedidos del Ingenio. En los tres años que fueron desde la Gran Huelga de 1980 a la disolución de los sindicatos a principios de 1984, 23 sindicalistas del azúcar habían desaparecido en la Costa Sur de Guatemala.

La CEH “adquirió la presunción fundada de que los líderes y asesores sindicales del Ingenio Pantaleón fueron detenidos y luego desaparecidos por agentes de seguridad del Estado o por particulares que actuaron con su tolerancia o connivencia (..) Esta conclusión se refuerza por la consideración de los vínculos que el sector patronal mantenía con las fuerzas de seguridad (...) y su colaboración con la política estatal de desarticulación del movimiento sindical que incluyó la eliminación de muchos de sus líderes” (lo cual continua hoy dia, cuando estas mismo campesinos bloquean carreteras, los medios exigen que se aplique la ley).  VI) A falta de sindicatos y estadísticas, los informes de la Embajada

El cable diplomático 08GUATEMALA693, fechado en junio de 2008, corrobora el descubierto por Plaza Pública sobre el terreno, y denomina al sistema de corte a destajo de la caña de azúcar como “Trabajo forzado y explotación infantil”. Un sistema basado en que “las empresas establecen rigurosas cuotas diarias que son humanamente imposibles de cumplir en condiciones legales”.

Según el mismo documento, firmado por James Derham “el trabajo infantil se encuentra ampliamente extendido pese a que las empresas azucareras lo niegan”. El cable de la embajada estadounidense va más allá y señala también que “la amenaza de despido para todos aquellos que no cumplan sus cuotas funciona como una manera de trabajo forzado” y añade “eso provoca jornadas de trabajo de no menos de 12 horas diarias y el uso generalizado de drogas por parte de los trabajadores para tratar de aumentar su rendimiento”.

En la Finca Flamenco los cortadores lo confirman. “Tiamina y pastillas sin sueño”, como las llama Leonel Hernández, de 24 años. “El cuerpo se malenseña  y pide más, pero sólo drogado llega uno a las cuatro toneladas cortadas”.
 
Fuente:
http://plazapublica.com.gt/content/trabajo-infantil-y-explotacion-laboral-en-el-azucar-de-guatemala

Foto: Niños trabajando en la finca. Por de Alberto Arce / Plaza Pública